Domenikos Theotokópoulos fue uno de los grandes artistas del siglo
XVI. Nacido en la isla de Creta (1541-1614), el que sería conocido en vida como El Greco,
tuvo una existencia marcada por el misterio. Poco se sabe sobre su familia, su vida en
Grecia y su formación pictórica. Los documentos sobre su existencia escasean y resulta
muy difícil explicar muchos de los cambios, viajes o decisiones que tomó a lo largo de
su vida. En su obra, las figuras alargadas le hicieron inconfundible. Que se llamaba
Domenikos Theotokópoulos, aunque más tarde se le conocería como El Greco; que nació en
la isla de Creta, y que su padre se llamaba Giorgios y su hermano mayor Manoussos. Estos
son algunos de los escasos datos que se conocen sobre la vida familiar de este gran pintor
del siglo XVI. La costumbre de El Greco de firmar siempre en griego y con la coletilla
kré (cretense), típica de los artistas de la isla griega, ha hecho pensar que empezó en
algún taller de su ciudad natal. De su estilo se deduce también que fue adiestrado de
dos maneras, la griega y la latina.
La suerte está echada para Doménikos; su próximo destino es la Península Ibérica,
adonde llegaría en 1577 pasando una temporada por la Corte madrileña para después
trasladarse a Toledo, donde recibirá sus dos primeros encargos: el Expolio de Cristo y los retablos(Trinidad)
del convento de Santo Domingo el Antiguo, siendo el cliente en ambos casos la misma
persona: don Diego de Castilla, el deán de la catedral toledana y padre de don Luis. Los
documentos relacionados con ambos encargos indican que El Greco estaba en Toledo de paso,
teniendo en mente intentar triunfar de nuevo en Madrid. Ésta sería la razón por la que
realiza una serie de obras para el rey Felipe II: la Alegoría
de la Liga Santa y el Martirio de San Mauricio.
Dichas obras no fueron del agrado del rey católico por lo que Doménikos se instala
definitivamente en Toledo, ciudad donde triunfará el resto de su vida. Allí contará con
la protección de un importante número de personajes cultos e influyentes que le
encargarán sus obras más espectaculares, estableciendo con la mayor parte de ellos
relaciones de amistad. En Toledo formará El Greco una familia aunque apenas existan datos
en este sentido. Parece probable que nada más llegar a España inicia una relación con
doña Jerónima de las Cuevas, naciendo Jorge Manuel en 1578. Sobre doña Jerónima se ha
especulado mucho considerándose que se trataba de una noble o descendiente de una familia
morisca. El caso es que no existen noticias sobre el matrimonio entre ambos amantes,
apuntándose a que Doménikos ya estaba casado en Italia, sin dejar de lado la posibilidad
de un desliz juvenil entre ambos, lo que llevaría a doña Jerónima a un convento. No hay
duda que Jorge Manuel era hijo natural, refiriéndose a él en una ocasión como
"sobrino" apelativo que se utilizaba en la época para referirse a los
bastardos. El Greco estableció su hogar en la Ciudad Imperial y ocupó un viejo palacio
gótico-mudéjar propiedad de los marqueses de Villena, del que en la actualidad no queda
ningún resto. Allí formó su próspero taller, dedicándose a la elaboración de
cuadros, diseño de retablos y escultura. En este taller trabajarán su buen amigo, y
posiblemente socio, Preboste, Jorge Manuel, Luis Tristán y Pedro de Orrente, éstos dos
últimos durante una temporada. Antón Pizarro, Pedro López y los escultores Miguel
González y Giraldo de Merlo también estaban vinculados al taller, incluyéndose entre
ellos el grabador flamenco Diego de Astor en 1605. Los precios cobrados por las obras que
realizaba el taller eran elevados para lo que acostumbraban a pagar los españoles, lo que
provocó numerosos litigios, como en los casos del Expolio, el Entierro del señor de Orgaz o los retablos del Hospital de la Caridad de Illescas. La mayor
parte de ese dinero que ganó Doménikos fue derrochada al llevar un fastuoso tren de
vida, como indica Jusepe Martínez: "ganó muchos ducados, pero los despilfarró en
una vida ostentosa; incluso mantenía a músicos asalariados en su casa de modo que
pudiera gozar de todos los placeres mientras comía". Pacheco observó que "era
extraordinario en todo, y tan extravagante en sus pinturas como en sus costumbres".
Paulatinamente se irá afianzando entre la clientela toledana, de la que recibe sus
mejores encargos: entre 1586-1588 el famoso Entierro del señor de Orgaz, diversos
retablos para instituciones religiosas tanto de Toledo como de Madrid - el famoso encargo
del Colegio de doña María de Aragón que actualmente ocupa el edificio del Senado
español - o pueblos limítrofes como Illescas o Talavera la Vieja. La labor de El Greco
como retratista fue muy significativa. Uno de los máximos exponentes de esa labor es el
famoso cuadro El caballero de la mano en el pecho
(c.1577-1584, Museo del Prado). Sus figuras se hacen cada vez más estilizadas, en un
estilo muy personal con figuras desproporcionadas, colores violentos y vibrantes, fuertes
escorzos, que consigue calar profundamente en la mística sociedad toledana. Algunos
especialistas han llegado a especular sobre una posible enfermedad visual como causante de
esas deformaciones pero recientes estudios han demostrado que El Greco empleaba ese estilo
porque era de su agrado y también del de su clientela. En Toledo fallecerá Doménikos el
7 de abril de 1614 a la edad de 73 años, según consta en la partida de defunción que se
encuentra en la parroquia de Santo Tomé - "en siete del falescio Dominico Greco no
hizo/ testamento. Recibió los sacramentos. Enterrose en / Santo Domingo el Antiguo, dio
velas" (sic) -. Días atrás había otorgado un poder a su hijo para que pudiera
hacer testamento en su nombre, indicando que se encuentra "echado en la cama, enfermo
de una enfermedad que Dios Nuestro Señor fue servido de me dar y en mi buen seso, juicio
y entendimiento natural", nombrando heredero universal de todos sus bienes a Jorge
Manuel y figurando entre sus albaceas su buen amigo don Luis de Castilla. Acerca del
entierro del pintor también existen algunas incógnitas. Se sabe que fue enterrado en la
iglesia del convento de Santo Domingo el Antiguo en un altar cedido en 1612 por las monjas
"para siempre jamás" a cambio de 32.000 reales condonados por un monumento para
la Semana Santa y por el compromiso de decorar el altar - para ello realizó la Adoración de los pastores que hoy guarda el Museo del Prado-. A partir de estas noticias existen dos hipótesis:
sigue en Santo Domingo enterrado junto a su nuera, Alfonsa de los Morales, cubiertas las
tumbas por construcciones posteriores, o en 1618 fueron trasladados su cuerpo y el de su
nuera a la iglesia de San Torcuato, cuyas obras estaba dirigiendo Jorge Manuel. Esta
iglesia toledana ha desaparecido por lo que no sabemos en la actualidad dónde se ubica el
cuerpo del gran pintor cretense cuya vida resume en unos versos su buen amigo el poeta
Fray Hortensio Felix Paravicino: "Creta le dio la vida y los pinceles, / Toledo mejor
patria, donde empieza / a lograr con la muerte eternidades". |